lunes, 4 de agosto de 2014

No hay manera.





Feliz agosto a todos! Después de tanto tiempo sin actualizar no he podido evitar plantearme cosas como si estaba transmitiendo de verdad mi personalidad en estas entradas, hasta qué punto debía escribir mis pensamientos o sobre de qué debería hablar.  Necesitaba hablar con ella. Esa persona que te habla con la misma facilidad de cine francés y conflictos armados, que de las tendencias de Vogue y de qué hacer con tu blog.

Cuatro días no son nada cuando estas acostumbrada a vivir con otra persona, pero aun así nos dio para hablar por los codos. Y al final de cada tema siempre una conclusión.

Ella es una de esas personas como las que todos tenemos en nuestras vidas. Alguien que se encarga de minimizar nuestros errores y  levantarle la sabana a los fantasmas que nos atormentan para reírse de ellos. Y que falta nos hace. Que te recuerden la vida tan increíble que tienes, lo mucho que te ha costado llegar donde estas  y lo mucho que te lo mereces, lo importante que es luchar por lo que es justo y lo necesario que resulta defender la verdad (como me enseñan también en mi casa).

Y  ya está. Y ser feliz. Arreglándonos la vida, compartiendo sueños, recaudando anécdotas y conformando un colchón en el que caer y caer siempre en blando.

Y mirar más adentro que hacia fuera, como este blog, que más que un escaparate es tan solo un sitio en el que desahogarse, en el que no caben las pretensiones ni los prejuicios. Un lugar fuera de mi cabeza en el que ordenar cosas sin más.








lunes, 7 de julio de 2014

Mi libro favorito.


Dime quien soy. (Julia Navarro)





Saber quien somos es algo que solo podemos comprender a través de nuestros recuerdos. Es lo más valioso que tenemos cuando te paras en un punto y miras atrás y sabes que eso te condicionará a la hora de ir hacia delante. En el caso de nuestro planeta sus recuerdos no son otros que la historia. Y supongo que por eso mis libros favoritos son las novelas históricas.

Esta llegó a mis manos como regalo de cumpleaños de mi gran amiga Ana. Y desde luego demostró que me conocía bien porque ha sido el libro que más me ha gustado hasta el día de hoy.

Hace un recorrido por los grandes hechos desde los años de la Segunda República hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero en este caso no es un soldado republicano ni un general nazi quien cuenta la historia, sino una mujer. Amelia. Una mujer cuya vida se guió por sus convicciones políticas, las cuales fueron evolucionando a medida que llegaron sus  desengaños.  Sufrió en sus carnes la represión de los regímenes que dominaron el mundo pero jamás traicionó al amor más grande de su vida,  la justicia social.





La vida de Amelia está llena de emoción, intriga, compromiso y valentía. Cuatro son los hombres que compartirán el amor de Amelia, cada uno distinto y especial, que la marcarán y la ayudarán a determinar su destino.

La evolución del personaje desde que apenas es una adolescente hasta sus últimos días es impresionante y la representación del escenario político a lo largo de esos años lo es aún más.
La personalidad tan atrayente de la protagonista logra hacerte cómplice de todos sus sueños  y los acontecimientos tan trágicos que se sucedieron durante su historia consigue mantenerte en vilo hasta la última página.

También cabe añadir que no es Amelia directamente la que narra la historia, sino las personas que la conocieron. Es su biznieto periodista el que se dispone a investigar la vida de su bisabuela y a recomponer las piezas de su vida viajando por medio mundo para recoger los testimonios de quienes la compartieron con ella.

Esta ha sido la mejor novela que me he leído hasta hoy y Amelia el mejor personaje con el que he compartido mi tiempo.
En este lunes de principios de verano, os animo a que os dejéis atrapar por sus páginas. Sean felices.






martes, 1 de julio de 2014

Hagamos balance.



Sin darnos cuenta ya ha pasado un año (universitario)  más y toca hacer balance.  En estos meses de independencia y libre albedrío tenemos la sensación de ser más nosotros mismos.
Por mi parte,  Málaga sigue teniendo muchas cosas que aportarme y estar aquí me hace estar cerca de todas mis motivaciones.

Este año he aprendido que donde pones la atención pones la energía, y eso es muy importante a la hora de guiar tu vida. Si centras tu atención en los aspectos negativos te obstaculizas a ti mismo disfrutar del día a día. Por otro lado, también me he dado cuenta de que es necesario aceptar un nivel mínimo de conflicto y a convivir con él de la mejor manera posible.

Y a valorar a las personas que te escogieron para formar parte de sus vidas. A asimilar que cada cerebro es de una forma y a tratar de entender cómo funcionan. A evitar hacer juicios de valor y a apreciar la riqueza de la pluralidad.
A confiar en personas que sabes que estarán a tu lado hasta el fin de tus días. Y a disfrutar más de otras, por así no fuera.
A que hay mil formas de amar a alguien, y a saber disfrutar de cada una de ellas. A saltar muros. A dejarse llevar. A reinventarme y reinventarnos juntos.

Este año he aprendido a que cuanto más conozco más dudas tengo. Y a que la curiosidad es una cualidad increíble.

Pero si tuviera que destacar lo más importante que he encontrado este año sería la importancia de saber apreciar los estímulos. La inspiración. Las pequeñas dosis de ilusión, de paz o de impulso que te encuentras en una lámina del CAC, en la esquina  contraria de la cama o en las hipotéticas huidas a Ibiza con un zumo de El último mono. Esas cosas que te hacen sentir que estás bien, que estas creciendo y que tu vida merece la pena.







martes, 10 de junio de 2014

Una publicidad que cambie el mundo.





Hay un día en la vida de todos en el que nos toca sentarnos y preguntar en voz alta ¿a qué quiero dedicarme? En ese momento miramos en nuestro interior, buscamos qué nos hace disfrutar, qué podemos aportar y cuál es la mejor forma de conseguirlo. Ese día yo escogí dedicarme a la comunicación. Por intuición, como se toman muchas de las decisiones acertadas.

A pesar de lo que se piensa, la publicidad no va de hacer anuncios, va de transmitir ideas, de llegar a la gente. La publicidad en esencia es una representación simbólica de la realidad. Es una imagen del mundo encuadrada en un marco concreto. Es subjetividad pura. 

La publicidad es un teatro, con un escenario construido, unos sujetos caracterizados y una atmósfera que busca transmitir algo. 

La publicidad es vender. Vender ideas. Es una herramienta que a menudo se usa para colocar productos en la mente del consumidor, pero en realidad no es el producto en sí lo que nos alcanza, sino el conjunto de elementos emocionales que se asocian a él. 

Ese es el poder real de la publicidad, la capacidad que tiene de colocar microuniversos en el cerebro de las personas.
Y ese poder es, en si mismo, fascinante.

Su capacidad de propiciar una determinada imagen del mundo en nuestra apreciación de la realidad la convierte en un recurso para fomentar valores que impulsen el desarrollo y apoyen el cambio social.

La comunicación comercial ha conseguido implantarnos la sociedad de consumo y la economía de mercado. Bien. ¿Y por qué no utilizarla en sentido contrario? Los nuevos publicistas tenemos en nuestras manos el poder de recrear una nueva concepción del mundo, hagámoslo de forma que contribuya a eliminar la desigualdad social, los roles de género y los estereotipos, que despierte el espíritu crítico y estimule los sentidos, que inculque valores de compromiso y solidaridad. En definitiva, que colaboré a realizar mejoras en la sociedad.

Tenemos el paisaje, tenemos las herramientas. Solo nos queda escoger bien el marco. 

Buenas tardes, sean felices.









lunes, 2 de junio de 2014

La felicidad no espera.








"Hola, ¿cómo estás? - Pues bien, ahí vamos."
Esta es la contestación que solemos dar cuando alguien nos pregunta cómo estamos. Si tenemos tiempo seguiremos con un "con esto y con lo otro pero bien". Ni si quiera le prestamos atención a la respuesta y tampoco a la pregunta. Lo que hay detrás de esa contestación depende de la situación y la interpretación de cada uno, pero lo que esta claro es que no significa un "soy feliz, tengo una vida de puta madre". 
Pero ¿y si nos hiciéramos la pregunta honestamente a nosotros mismos? Estoy segura de que encontraríamos muchas cosas de las que poder quejarnos y probablemente lleguemos a la conclusión de "cuando solucione esto seré totalmente feliz". Pero es una afirmación completamente falsa. 

El ser humano está ligado al conflicto como parte inherente a si mismo. La sociedad lleva consigo el elemento conflictivo, y para comprobarlo tenemos ahí los libros de historia y de política. 

Mantengo la opinión de que tenemos un concepto ficticio de la felicidad. Mantener unas condiciones personales exentas de cualquier tipo de conflicto es sencillamente imposible. Los conflictos van a estar ahí, siempre. Los solucionaremos, vendrán otros, variarán... y si esperamos a que desaparezcan para poder alcanzar la felicidad espero que haya una silla cerca, porque la felicidad no espera. 

"Trabajo demasiado", "no tengo trabajo", "no tengo pareja", "era más feliz sin pareja", "que dura es la universidad", "ojalá pudiera volver a vivir los años de universidad"... Siempre hay algo que puede ir a mejor, y esa es la parte positiva del conflicto: que obliga a trabajar para solucionarlo, y siempre supone un avance en una u otra dirección. Y esa es la actitud a que a mi me gusta, el espíritu crítico, la necesidad de cambio, la voluntad de progreso. Sí, pero con el optimismo por delante. 

No podemos dejarnos vencer por las circunstancias. Debemos aceptar los conflictos con algo natural con lo que convivir en nuestra vida, y sobre todo, aceptar que la felicidad se consigue cuando lo que buscas y lo que encuentras es lo más parecido posible.







lunes, 26 de mayo de 2014

Cordobesa.













Se suele decir que todas las personas nacemos con una mitad y que nuestro reto será encontrarla en el mundo. Yo creo que más que una, tenemos varias. Varios gajos que encajarán perfectamente en tu vida y que llenarán de luz tus días. Ella es uno de ellos.

Mi cordobesa. Tan distinta a mi como la noche y el día, complementa mi total racionalidad con su avalancha de emociones. Es de esas personas que desde el minuto en que las conoces sabes que te acompañarán para el resto de tu vida. Supongo que todos tenemos alguien así. Una amistad incondicional, tan pura como cuando eres niño. No hay nadie que conozca mejor por qué levantas la ceja en una conversación, ni por qué hoy estás más seria, no hay nadie que sepa mejor cuales son tus cicatrices y cómo las curaste, no hay nadie que entienda mejor la palabra lealtad.


Hace una semana fuí a visitar el lugar donde creció y es tan.. ella. Córdoba es un entresijo de callejuelas estrechas, que no sabes muy bien a donde te llevarán, con un suelo empedrado por el que cuesta caminar, unas plazas con fuentes, mucha gente en las terrazas y balcones con flores de mil colores. Definitivamente, Córdoba es ella.










martes, 20 de mayo de 2014

Nos enamoramos como lagartijas.






Buen lunes a todo el mundo! Hoy por primera vez he querído copiaros textualmente unas palabras que he leído en un blog recién descubierto: Hominidas

"El amor no es una elección libre, y no tiene ninguna disciplina. Las áreas del cerebro que lo gobiernan son las mismas que compartimos con los lagartos, el cerebro primitivo, el que hace malabares con los procesos inconscientes.

En los adolescentes el amor es inocente y valiente. El área cerebral que planifica, reflexiona, prevé riesgos y controla los impulsos, la corteza prefrontal (CPF), está todavía inmadura. Y no se formará del todo hasta los 20 años. En ese tiempo, se le da mal todo lo que tiene que ver con este área cerebral: planificar, prevenir, pensar en el futuro, contener sus impulsos… Muchas veces, durante la adolescencia los padres somos el pejiguero CPF del adolescente. Si nuestra hija se enamora de quien nos parece equivocado, no podremos pedirle que use el cerebro, ya lo hace, solo que del mismo modo que eligen pareja las lagartijas (cuando somos mayores muchas veces lo hacemos de un modo parecido).
Con esta tarea genética por delante, la de poner a punto la maquinaria de la reproducción, todo tiene sentido."
Cuando he leído esto no he podido evitar sonreír. Es muy curiosa la comparación con el cerebro de los lagartos y en cierta medida nos hace trasladarnos a nuestros "yo" adolescentes y hacerles un guiño de complicidad. Visto con distancia hasta me atrevería a decir que echo en falta (solo un poco) mi curioso cerebro de lagartija adolescente.
Que pasen un buen día, sean felices! :)