lunes, 8 de diciembre de 2014

Ocho de diciembre




Aquí estoy otra vez, en ese día en el que quedamos tu, el mar y el cielo; y quien me trajo a ti, como dice la canción. Aunque lo cierto es que no se quién me trajo a ti, solo se que apareciste y contigo una versión de mi que disfrutaba cuando estabas cerca. Cuando jugábamos a las situaciones imposibles, cuando cantábamos y cuando hacíamos arder al teléfono de tanto escuchar hablar de nuestros amores improbables.

Te fuiste. Un mal día de diciembre, mientras yo esperaba al otro lado del teléfono. Y no volviste, por más veces que yo lo desee deshecha en lágrimas. Te seguí buscando, en mi desesperación, hasta casi perder la esperanza.

Te encontré, y hoy ya se dónde estás. Mi luna. Eres ese lugar que está ahí permanentemente, y que se puede ver cuando esperas a que se haga de noche. Somos tu y yo, muy lejos de aquí, cuando yo era otra yo y cuando tú eras solo tú. Tú y yo, con nuestra historia cerrada, invariable, a kilómetros de aquí. Como la luna.


Y desde entonces te hablo de vez en cuando, sin importarme si es de noche o de día, sin saber si ha salido ya la luna, o si sigue perdida por algún país del norte. Me da igual, porque sé que no se irá a ninguna parte, como nosotros. Como nuestra historia. Como la luna. Eternamente perfecta.





martes, 25 de noviembre de 2014

Enhorabuena.

Alba Claverías, un trocito de luz



Hay algunas cosas que se que no haré en mi vida, como por ejemplo un triatlón. Sin embargo no puedo decir que se deba a que no sepa montar en bicicleta, ya que nunca le he puesto el ímpetu necesario para conseguirlo. Y es curioso porque si me volvieran a pedir recorrer Berlín en bici no dudaría en decir que sí.

Parece algo absurdo y en cambio para mi es algo fundamental. Darnos cuenta de lo flexibles que son los limites que nosotros mismos nos imponemos, de lo frágiles que pueden llegar a ser si decidimos romperlos y al mismo tiempo la fortaleza que pueden suponer si decidimos mantenerlos.

Hasta hace poco no podía imaginarme hasta qué punto nos condicionamos por nuestras propias autoafirmaciones. Por comunicarnos mal con nosotros mismos. Afirmaciones tan aparentemente absurdas como "no soy una persona creativa" nos lleva efectivamente a no serlo, o "soy una persona celosa" nos lleva justamente a alimentar esa inseguridad con nosotros mismos. Y es mucho más fácil de lo que parece reinventarse, dotarse de valoraciones nuevas que te hagan despegar y sobre todo: descubrir. Sentirnos tan orgullosos como el día en el que nos quitaron las ruedecitas de la bici y supimos por primera vez a qué sabía la libertad.

Después de un noviembre frenético he elegido este momento para deshacerme con un bombón de Lindt y decirme bien bajito "enhorabuena campeona". Y creo que es justo esa complicidad con uno mismo es la clave que nos impulsa a seguir batiendo límites.
Y es que nos hace mucha falta pararnos a agradecernos que sigamos luchando, combatiendo miedos, reafirmando esperanzas y alcanzando trocitos de ese cielo que ansiamos tocar y que nos sigue esperando, aunque sea lejos.

Buenas tardes, sean felices.




jueves, 30 de octubre de 2014

Corriendo en círculos



"En manos de Pablo"


No se si es cosa mia y de las personas que tengo alrededor, o algo extensible al ser humano. Que más da. Yo no soy nadie para escribir sobre teorías sociológicas. Tan solo tengo este espacio en blanco que relleno a veces para quitarme peso.

Y pesa. Cuando veo cerca de mi a personas inmersas en ciclos, de los que son incapaces de salir. Cuando hago memoria y me veo a mi misma dentro de los mios propios. Joder que si pesa. Que se lo digan a un yonki.

Supongo que las personas nos enganchamos a lo que conocemos, a los espacios de confort, en los que ya sabemos como vivir. Construimos nuestras historias, nuestra casa, nuestro universo. Y caminamos dentro del mismo sendero, sin dirección, hasta que nos damos cuenta de que no hay salida y volvemos a empezar. No sabemos si nos gusta o no, o no queremos saberlo. Y seguimos caminando en círculos, cada vez más rápido, evitando mirar a los lados para no ser conscientes de que ya hemos pasado por ese lugar. Hasta que te falta el aliento de tanto correr y te paras; y te das cuenta de que estás en el mismo sitio.

¿Cómo vas a abandonar ese camino? Donde está tu historia, tu casa, tu universo. ¿Cómo vas a permitir empezar otra ruta sabiendo que lo que dejas atrás se borrará con el tiempo? Tu historia, tu casa, tu universo. Dejarán de serlo, dejarán de significarlo.

Recuerdo que cuando volví de Londres le dije a alguien "ha sido tan increíble  que me da rabia. Me muero de pena porque si algún día tu no estas no podré volver, y si lo hago encontraré una ciudad distinta, y entonces lo que construimos allí habrá desaparecido."

Creo que ese es el miedo que sentimos cuando caminamos en círculos. Nos negamos a avanzar por miedo a que lo que nos ha definido durante un tiempo deje de tener sentido. Sin pensar que puede que sea justo eso lo que lo tenga.

Forjarnos a base de experiencias, de empezar círculos, de correrlos, de cerrarlos y de volver a empezar, de vivir historias o de inventarlas, de construir casas, de demolerlas, de creer en un único universo o en cientos. Porque supongo que al fin y al cabo eso es lo que somos, círculos cerrados y otros tantos sin cerrar. 

Buenas tardes, feliz jueves.




¿Pero por qué ibas a quedarte haciendo senderismo a los pies de una montaña, pudiendo escalarla entera?




miércoles, 22 de octubre de 2014

El esfuerzo y la motivación




Este título no es mío, se lo he cogido prestado a un aprendiz de filósofo del primer capítulo de su libro. En este hace una reflexión sobre lo acostumbrados que estamos a hacer cosas que nos suponen un esfuerzo, y el poco caso que le hacemos a las cosas que verdaderamente nos salen de dentro.

He tenido tiempo para pensar en ello y desde que he vuelto a Málaga tengo este tema aún más presente.  Como ya escribía hace unos meses en Lo más importante, creo que en la vida nos dejamos enredar por las obligaciones hasta tal punto que olvidamos lo que nos hace grandes

Hay demasiadas cosas a tener en cuenta, sabes que tienes un futuro llamándote a la puerta, un abismo de miedos que bordear de puntillas, unas expectativas que superar. Y es cierto que en gran parte dejamos de hacer lo que nos nace de forma natural para hacer algo más productivo, pero en este momento sinceramente me cuesta delimitar donde acaba el esfuerzo y donde empieza la motivación. Todos tenemos claro cosas que nos salen de forma natural, bailar, escribir, tocar la guitarra. A nadie le supone un esfuerzo hacer el amor.

Sin embargo no todo es tan evidente. ¿Qué ocurre cuando descubrimos una motivación al final de un esfuerzo? ¿Y cuando perseguimos algo con tanta fiereza que estamos dispuestos a sacrificarnos? No, desde luego no todo es blanco o negro, y no siempre es tan fácil delimitar un factor del otro. Lo que sin embargo mantengo es la importancia de no perder nunca de vista la luz del faro.




“Vámonos a Cuba” es una frase que me acompaña desde que empecé la carrera, hay alguien que me la dice cada vez que estoy sometida a una situación máxima de estrés. Y creo que ilustra bastante bien los momentos en los que decidimos soltarnos de lo que nos ata y redireccionar nuestro camino.

No quiero que penséis en esto tan solo dentro del ámbito educativo o profesional, llevémoslo al plano personal. Cuando tenemos una persona importante en nuestra vida, ya sea una amistad o una pareja, con la que tenemos que esforzarnos es fácil que nos venga la duda de si realmente debería ser así. Tal vez lo natural sería que todo fuera fácil. Es entonces cuando tienes que plantearte si irte a Cuba o quedarte a su lado.

¿Qué ocurre cuando te esfuerzas demasiado por una motivación que no es real? ¿Y cuando pierdes la motivación de vista y finalmente te arrepientes por no haberte esforzado lo suficiente?


Pensad en ello. Buenas tardes, sean felices.

martes, 14 de octubre de 2014

Málaga enamora


La tetería


Málaga enamora, no se cómo pero te envuelve. Desde que llegué sentí que ya formaba parte de ella, que ya era mi hogar. Lo primero que me encandiló fue el CAC (Museo de Arte Contemporáneo) presidiendo el Soho, a partir de la primera visita despertó algo en mí que me hizo adicta a sus paredes, consiguiendo que me mudara a vivir cerca muy pronto. Desde ese día suelo ir varias veces al mes, encontrando en sus exposiciones siempre algo nuevo, estimulándome con sus colores, sus formas y conceptos.

Sin embargo esto no sería nada sin las tardes de meriendas en El café con Libros, El último mono o en esa tetería tan especial que descubriste con alguien y que se convirtió en vuestro sitio. Y no es solo un té con leche y un trozo de tarta, es una conversación, que digo una… cientos de conversaciones que sin darte cuenta penetraron en tu cabeza cambiándote para siempre.

Son los anocheceres especiales, en la inauguración de Retrospectiva de Doisneau en La Térmica el último viernes, emocionándonos por esa foto que significa solo lo que tú quieres. Y el rato de después cantando Oasis con una cerveza en la mano parodiándonos a nosotras mismas y riéndonos de esa teoría del “como me veo yo, como me ven los demás”. 
              
El vino dulce del Pimpi de las noches frente al Anfiteatro, el rueda de los medio días al Sol. Los paseos por Larios, por el Muelle 1. La calle del Babia, el Microteatro, el Drunko nuevo, el antiguo y el más antiguo aun. Las ensaladas de Pedregalejo, plaza activa el último domingo del mes. “Los Capullos no regalan flores” de Fnac, de cada rato que subimos a leernos entre las catástrofes que otra dibujó por nosotras. Los helados de Casa Mira. Te hacen suya. Y te hacen ver que no es tan solo una ciudad, es tu ecosistema.

CAC

CAC

La térmica

La térmica

CAC





martes, 30 de septiembre de 2014

Un verano contigo






Definitivamente ya se ha terminado el verano y las primeras lluvias insisten en recordarnoslo. Siempre me da pena despedirlo aun sabiendo que el otoño marca un nuevo comienzo de año lleno de cosas geniales. Así que esta vez decidí guardarme un pedacito de verano en un vídeo, para poder sentirlo en las tardes más frías de invierno. Y este ha sido el resultado, tres minutos que prueban que el ha sido mi verano, la sal de mi piel, el helado de tramontana,  mis noches de fiesta y las caricias de las siestas

Y sin darme cuenta ya ha pasado un año desde aquel rarísimo septiembre en el que las cosas se nos fueron de las manos, cuando yo tenía el corazón alicatado y tu la cabeza en otra parte. Te puedo asegurar que lo di todo para que no te quedarás y aun así te colaste.Un etnosur más, un agosto más y un septiembre nuevo en el que ya no te pido que te vayas. ¿Cómo iba a hacerlo? con todas las risas que te debo. Después de disfrutar de cada minuto con una paz infinita y al mismo tiempo convertir cualquier día una aventura. Complementando mi vida, siendo una pieza más de un complicado puzzle  y compartiendo mi tiempo con otras personas a las que ya quería antes de que tu llegaras, sin exigencias, sin pretensiones. Haciéndome sentir libre, libremente a tu lado. 

Prometimos hacer de cada experiencia algo extraordinario y aquí seguimos compañero, hasta que el cuerpo aguante.







martes, 23 de septiembre de 2014

Esclavas



















Hoy me toca desahogarme escupiendo un par de verdades. Y sin querer parecer feminista, porque ya no se ni lo que significa esa palabra, tengo claro que como mujer tengo algo que decir.

Me siento decepcionada cuando veo que en todas las cadenas aparecen presentadoras que encajan perfectamente en el canon de belleza preestablecido o cuando veo en la biblioteca a muchachas correctamente maquilladas y peinadas. Me decepciona porque mi primer pensamiento al respecto es “debería cuidarme más”. Y me molesta profundamente porque yo ya me cuido, me cuido cuando disfruto en cada comida y en cada cerveza con mis amigos; y sin embargo resoplo cuando me doy cuenta de que mis curvas van aumentando considerablemente.

Y es que aunque se que el tema nos lo sabemos ya de carrerilla, creo que no nos lo tomamos suficientemente en serio. Lejos de buscar culpables ni de calcular el origen de esta situación, hoy solo pretendo hacer una llamada a la cordura y reclamar un poco de atención hacia el hecho de que la mujer siga estando esclavizada a la belleza. Y ni siquiera a la belleza en su sentido más amplio, sino a la belleza física.

Estoy de acuerdo con el hecho de que todas necesitamos vernos y sentirnos bien con nosotras mismas,  pero hasta un límite. Y perdonad si sueno demasiado hiriente, pero de corazón os digo que si necesitáis operaros el pecho para ser felices el problema está mucho más adentro. Con todo esto no quiero ser demagoga ni mucho menos, porque yo soy la primera que se puso los grilletes. Pero simplemente me apetecía gritar que me jode tremendamente necesitar verme guapa, porque de verdad lo necesito. Y no se en qué momento decidí aceptarlo pero lo cierto es que no soy capaz de deshacerme de ello.

Y llamadme loca pero es que odio llevar sujetador porque me oprime y me dificulta la respiración, odio depilarme porque si no sufro por quemaduras, lo hago por sarpullido; y odio tener que maquillarme para simular una piel mejor cuando lo único que consigo es empeorarla. Pero es que lo que más odio es que aun odiándolo sigo haciendo todo esto.

Y creo que sea cual fuere el origen de todo esto, cada una es ama de su propia esclavitud y tiene la llave para hacerse libre, al menos en la medida justa. Y opino firmemente que somos nosotras las que debemos empezar a creernos que no tenemos la obligación de ser muñecas y que la belleza es algo que se cultiva a mayor profundidad.


Buenos días, sean felices.